martes, 30 de junio de 2015

Reflexiones de un día cualquiera (aunque no lo sea).

Otro año más. Un nuevo número como primera cifra: el dos. Se abre ante mí el maravilloso camino de la veintena. O eso dicen. 

Si echo la vista atrás me doy cuenta de lo rápido que pasan los años. La verdad es que el tiempo vuela. Hace nada estaba soplando las velas y ya ha pasado otro año. Esto es como un abrir y cerrar de ojos, como cuando pides un deseo. 

En ese momento todo el mundo te mira con una sonrisa, como si ya te desearan lo mejor, y tú cierras los ojos y piensas. En cuestión de segundos los vuelves a abrir y con todas tus fuerzas soplas. Es bonito.

Lo importante es que podamos soplar las velas año tras año y por supuesto pedir muchos deseos. Y que se cumplan.