Todos atravesamos por épocas de indecisión, de caos y de
dudas. Es ley de vida. Cuantos de nosotros no hemos sabido qué hacer a la hora
de elegir lo que queremos estudiar, en lo que nos gustaría trabajar; hasta en
las relaciones pueden producirse crisis.
Supongo que a veces nos agobiamos demasiado pensando lo que
nos deparará el futuro. Nos olvidamos de lo que realmente importa, el presente. Lo demás ya se irá viendo.
A veces puedes estar muy perdido, en medio de la nada, aunque
estés rodeado de gente. Pero qué bonito es encontrarse, descubrir lo que te
apasiona, tu sentido de la existencia.
Cada uno tiene sus maneras de salir de ese laberinto. Una de las mías es jugar a perderme. Creo
que viajar ayuda a encontrarse y a descubrirte a ti mismo. Te ayuda a explorar
tus límites y saber tanto lo que te gusta como lo que no.
Por eso, cuando estés perdido viaja. Solo o en compañía. Cerca o lejos, no importa. El laberinto que parecía
no tener salida te ofrecerá multitud de caminos que se abrirán a tu paso. Nuevas perspectivas y culturas te están esperando, pero para ello debes abandonar tu zona de confort. Hay viajes, lugares y personas que pueden cambiarte para siempre.
Sigue la regla de las tres uves: vive, viaja, vuelve. Nunca olvides
de dónde vienes.Cuando vuelvas descubrirás que lo que más ha cambiado eres tú.
Viaja porque la vida es muy corta y el mundo enorme.


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