Todavía recuerdo la ilusión y la inocencia de mis primeros
días de clase en la universidad. Fueron muchos cambios en muy poco tiempo, pero
con ganas uno se adapta a lo que sea. Recuerdo también la indecisión en los
últimos momentos a la hora de elegir qué carrera quería estudiar. Aunque lo
tenía demasiado claro el pesimismo de la gente sobre la situación profesional
actual me hacía dudar de vez en cuando, pero yo quería estudiar lo que me
gustaba. Después vino la incertidumbre de no saber a qué universidad iba a ir a
parar. Fue un verano bastante movidito, pero ahora lo recuerdo con cariño.
Cuando llegué a la uni fue como pisar la tierra prometida.
Me habían hablado tanto y tan bien de la vida universitaria que estaba deseando
de vivir esa experiencia en mis propias carnes. Además, con 18 años me iba apeteciendo eso de ser un poco independiente, viajar, conocer gente nueva, cambiar
de aires, etc. Ante mí se presentaban cuatro años de carrera de Periodismo en Murcia, era el camino obligatorio que tenía que seguir para cumplir mis sueños.
O al menos eso creía.
Dentro de unas semanas voy a empezar mi último año y pienso
que el tiempo se está pasando demasiado rápido. He de decir que, sin duda,
estos años están siendo los mejores de mi vida y todas mis expectativas se han
superado con creces. La gente que he conocido, los amigos que he hecho y los
momentos que he vivido no me los va a quitar nadie. En cuanto a mis expectativas
en el plano académico digamos que dejan muchas cosas que desear. La culpa no
es de la Universidad de Murcia en concreto, sino del sistema educativo en
general que existe en este país.
Yo solo puedo hablar de las cosas que ocurren en mi carrera,
en las demás supongo que será similar, aunque también habrá excepciones. Llamamos
prácticas a unas clases que, en su mayoría, no son más que una extensión de la teoría. No
potencian nuestras habilidades. Apenas se interactúa en clase, los exámenes se
hacen de tipo test para que todos nos ahorremos el trabajo de escribir. Se
valora mucho más el examen final que el trabajo diario, el interés y la
motivación personal de cada alumno cuando en realidad es un examen que tienes
que prepararte por tu cuenta porque las explicaciones del profesor son una mera
lectura de las diapositivas o nulas. Estoy generalizando demasiado, es cierto,
no siempre es así. También hay profesores muy buenos que demuestran su pasión
por la asignatura y consiguen que los alumnos se impliquen y recuerden el
sentido de por qué están allí. Pero por desgracia eso ocurre muy poco.
Es triste, pero la
universidad ha dejado de ser el espacio donde alumnos y profesores se reunían
para compartir conocimiento y ha acabado convirtiéndose en aquello que siempre
hemos temido por considerarlo nocivo para el desarrollo libre de las personas:
en una máquina expendedora de títulos al servicio del mercado.
- Diagonal -
- Diagonal -
¿Cuál es el resultado de esto? Que terminamos la carrera y
apenas nos hemos puesto delante de una cámara y de un micro. Obtenemos 240
créditos en horas teóricas que son muy útiles sí, pero es complicado llevarlo a
la práctica.
La única solución es buscarse la vida y empezar a hacer cosas
por tu cuenta porque el título es un papel que nos iguala a todos, pero hay que
buscar la diferencia en el mercado laboral. Con algo de suerte y mucha astucia
conseguiremos un empleo en el que nos dejen demostrar nuestras dotes ocultas y obtendremos
eso que llaman experiencia. Pero eso es otro asunto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario