viernes, 8 de febrero de 2013

Ahora o nunca.


Entonces le vio. Y se dio cuenta de que era inevitable. Ella, con la sonrisa torcida, los zapatos sucios y el corazón palpitando a mil por hora. Lo notaba como si se le fuese a salir del pecho.
Se armó de valor y se dijo a sí misa: “el que no arriesga no gana”. No había luchado tanto para complacerse con tan poco. Lo tenía de frente, era él, y lo único que se le ocurrió decirle fue:
   -Pensaba que te habías olvidado de mí.






2 comentarios:

  1. Me he leído varias entradas.

    ME GUSTAN TODAS.


    :)

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias Lucía! Se hace lo que se puede.

    Tu blog también está muy bien :)

    ResponderEliminar