martes, 15 de octubre de 2013

Se convirtió en princesa, pero sin corona.

Ella, una chica normal, del montón; pero a pesar de ello, del montón de las chicas especiales. De esas que suelen pasar desapercibidas y sólo unos pocos saben ver y apreciar. Está llena de virtudes, pero también de defectos; ya hemos dicho que las chicas del montón no son perfectas. Esa es su gracia, su particular encanto.

Ella, acostumbrada al fracaso y la decepción de cuantos hombres amó o pensó que amaba. Se ha hecho fuerte a base de golpes y caídas que muchas veces han sido con la misma piedra. Es una chica muy cariñosa y tierna, que te da todo cuanto tiene y más. Y ese es el problema. Dar para recibir, decían. Pero ella daba y daba y lo único que recibía era eso, decepciones.

Ahora su mundo está del revés y su corazón late a mil por hora cada vez que le ve. Su corazón está desordenado por todos los huracanes que por él han pasado, pero ahora…ahora se encuentra en estado de alerta.

Tiene miedo, miedo a que le vuelva a pasar lo mismo de siempre. Que un chico le trate bien le asusta, y es precisamente ese miedo el que le paraliza y no le deja disfrutar de las cosas buenas que ahora la vida le está  ofreciendo. 

Poco a poco lo ira superando, es imposible que no se le escape una sonrisa cada vez que le ve o le dice algo bonito.  Sabe que no va a pagar con él los platos rotos del resto de gilipollas de este planeta.

Ella, una chica normal, del montón; pero a pesar de ello, del montón de las chicas especiales. De esas que suelen pasar desapercibidas y sólo unos pocos saben ver y apreciar. Ella, ha sido descubierta por un caza tesoros que afirma que no la va a dejar escapar. 

Le conoció como a cualquiera, pero le está queriendo como a nadie. Dejemos que esta chica viva su particular cuento... 





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