Enamorarse de alguien es la cosa más estúpida que puede
llegar a hacer el ser humano y sin embargo, es la que menos puede evitar. En cierto
modo, todos nos pasamos nuestra vida buscando
a esa “media naranja”, esa otra mitad que tanto nos hace falta encontrar. Amar
y ser amado.
Enamorarse es muchas cosas y la vez sólo una. Cuando quieres
darte cuenta estás dentro de un laberinto y con los ojos vendados. No quieres
encontrar la salida. Amar es caminar a ciegas por un laberinto aferrándote a
alguien. Es entregarte en cuerpo y alma a otra persona. Es morir lentamente con el dulce veneno de los besos. Es dejarse llevar
poco a poco a la locura. Perder la
cabeza para encontrar un corazón. Es como querer saltar al vacío y sin
paracaídas. Y tener mariposas en el estómago, por supuesto. Enamorarse es dulce
y amargo, como el café.
Enamorarse es muchas cosas y la vez sólo una. Una persona,
un alma y un único corazón. Todos necesitamos a alguien que nos haga ver que el
resto de personas son eso, el resto.
En lo que a mí se refiere, me encuentro en el centro de un laberinto y con los ojos
vendados.
“Me enamoré de él igual
que cuando te quedas dormido, primero lentamente y después rápidamente”.

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